La triatleta alemana Julia Viellehner en una imagen de su Facebook. EL MUNDO
La triatleta alemana Julia Viellehner ha muerto como consecuencia de las graves heridas que sufrió la semana pasada en un accidente con su bicicleta, informó el hospital italiano en el que estaba internada.
El fallecimiento de Viellehner se produjo en el hospital Bufalini de Cesena, el mismo donde el lunes murió el motociclista estadounidense Nicky Hayden, también víctima de un accidente mientras circulaba en bicicleta.
La semana pasada, Viellehner, de 31 años, subcampeona del mundo de Duatlón de Larga Distancia en 2013 y en 2015, fue arrollada por un camión cuando practicaba junto a su compañero y entrenador, Tom Stecher, que informó de la muerte de la deportista en la página de su Facebook.
Después de varios días internada y como consecuencia de las graves lesiones sufridas, Viellehner no resistió y falleció.
"Los últimos días han sido largos y duros y Julia ha luchado hasta el final. Los médicos hicieron todo lo posible, pero la suma de lesiones muy graves condujo a un estado que no le permitió continuar con vida", indicó Stecher.
En el marco de las polémicas directrices para revisar el contenido publicado por sus usuarios, Facebook cerró en enero de este año más de 14.000 cuentas relacionadas con el «porno por venganza» y «sextorsión», un tipo de abuso sexual a través de internet que se ha producido en medio del auge de las redes sociales en los últimos años.
Según informa «The Guardian», que ha tenido acceso a las directrices de los moderadores de contenidos de la red social, la multinacional americana evaluó casi 54.000 casos de pornografía de venganza y «sextorsión» en un solo mes, enero. En este tiempo se desactivaron y eliminaron más de 14.000 cuentas relacionadas con esta práctica, habiendo incluso menores involucrados en 33 de los casos examinados.
Esta práctica consiste en la difusión de imágenes sexualmente explícitas sin el consentimiento de la persona. Habitualmente, se dan casos de usuarios que comparten contenidos eróticos de sus exparejas con ánimo de ofender y deslegitimarla. la empresa americana dispone de un equipo de moderadores y sistemas informáticos que intentan moderar los contenidos.
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Además, Facebook detectó 2.450 casos potenciales de «sextorsión», es decir, intentos de extorsionar con la difusión de imágenes íntimas de una persona. En total, se inhabilitaron unas 14.130 cuentas. El problema es que en estos casos de imágenes sexuales sin consentimiento se basan en las denuncias de los usuarios para detectar el abuso. «La política sexual es aquella en la que los moderadores cometen más errores [...] Es muy complejo», apuntaron fuentes de la compañía a «The Guardian».
Facebook ha admitido sin embargo que ésta es un área de gran prioridad y que se encuentran actualmente utilizando un software de «comparación de imágenes» para intentar impedir que el contenido explícito se publique, aunque también ha reconocido las dificultades a la hora de detectar este tipo de imágenes y videos explícitos sin consentimiento.
Con el objetivo de reducir estas cifras, la compañía ha modificado algunos términos de uso de su plataforma para informar a los usuarios que en caso de ver una imagen en Facebook compartida sin permiso «puedes denunciarla». En ese momento, representantes con formación específica del equipo de operaciones comunitarias revisarán la imagen y la eliminarán si infringe las normas comunitarias. «En muchos casos, cuando se compartan imágenes íntimas sin permiso también desactivaremos la cuenta. Ofrecemos un proceso de apelación por si alguien considera que una imagen se ha eliminado por error», explican.
La proliferación de la pornografía, así como el aumento de los casos de «porno por venganza» y «sextorsión», se ha convertido en uno de los mayores desafíos para las empresas de internet. Están bajo una enorme presión para evitar la difusión de contenido abusivo e ilegal de sus plataformas ante la amenaza de sanciones económicas. Empresas de internet como Twitter o Google ya han empezado a combatir este abuso eliminando y suspendiendo las cuentas que difundan imágenes íntimas sin consentimiento de la otra persona.
Con los resquicios legales que dificultan poner fin al porno de la venganza por esta vía, los expertos recomiendan prevenir antes de curar, es decir, seguir a rajatabla una serie de normas para evitar ser víctima en un caso similar como evitar tomar fotos íntimas con tu pareja, en caso de hacerlo utilizar el móvil personal y no el de la otra persona, así como establecer medidas de seguridad para evitar el robo de datos personales.
Según un estudio sobre las víctimas de imágenes íntimas no consentidas en EE.UU., el 93% de las personas cuyas imágenes se han compartido acarrean un importante malestar emocional, y el 82 % asegura que su vida se ha visto afectada significativamente en el ámbito social o laboral, entre otros ámbitos importantes.
Roman Polanski, el judío maldito al que «el profeta de Satán» arrebató el amor de su vida
Desde su huída del nazismo a través de la verja de su gueto en Cracovia a las acusaciones de violación: Malpaso reedita las memorias escritas en 1985 por el maestro de cine polaco, que vivía más que imaginaba
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Roman Polanski y Sharon Tate
«Mientras la besaba y abrazaba, un extraño pensamiento cruzó por mi mente: nunca más volvería a verla. Si no hubiera sucedido nada, posiblemente hubiera olvidado aquella premonición; pero ahora la conservo como un recuerdo indeleble», cuenta Roman Polanski en sus memorias, escritas en 1985 y que Malpaso reedita ahora en España, sobre su despedida con Sharon Tate, que a punto estaba de dar a luz al hijo de ambos cuando fue asesinada por la «familia» Manson junto a otras cuatro personas en su casa.
El cineasta polaco, que siempre prefirió huir de la realidad, lo hizo en ese momento de un presentimiento que atribuyó a su incansable imaginación y, aún hoy, cuando hace las maletas o se corta el pelo, se acuerda irremediablemente de la actriz. «En ese sentido le seré siempre fiel», reconoce Polanski, un adúltero confeso incapaz de ser fiel a ninguna de las mujeres de su vida. No haber hecho caso a su instinto le sigue persiguiendo casi medio siglo después del trágico suceso. «La muerte de Sharon es la única divisoria importante en mi vida. Antes de que ella muriera, yo navegaba por unos serenos e ilimitados mares de optimismo y esperanza. Ahora, siempre que me divierto, me siento culpable», escribe en una de las más de cien páginas que le dedica a su segunda esposa en la autobiografía.
Polanski y Tate- AFP
Pero rehizo su vida. Acostumbrado a sobreponerse, volvió a encontrar la inspiración tras la cámara. Desde que comenzó a recoger fotogramas de Blancanieves de los cubos de basura durante su infancia en la Cracovia de entreguerras, Polanski siempre tuvo claro que ese sería su oficio, y nunca dudó de que sus sueños se convertirían en realidad. Aunque, hasta entonces, seguía imaginando.
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«Mientras la besaba y abrazaba, un extraño pensamiento cruzó por mi mente: nunca más volvería a verla»Polanski sobre Tate
«Desde que yo recuerdo, la línea entre la fantasía y la realidad ha estado siempre irremediablemente borrosa», llega a afirmar. El arte era el «reino» de su «imaginación», y siempre le pareció más real que los limitados confines de esa Polonia nazi y comunista a la que, por falta de recursos, le tocó burlar con los ojos cerrados, soñando.
El cineasta, fue desde pequeño un «chiquillo extremadamente susceptible», diferente a la gente de su entorno y que siempre hacía las cosas a su manera. «Vivía en un mundo de mentirijillas, completamente aparte del verdadero», cuenta. Uno en el que se colaba dentro y fuera del gueto de Cracovia a través de la verja en la que estaba hacinado, se cambiaba el apellido y ocultaba su origen judío bajo esa nariz respingona y sus rubios cabellos. Tras la muerte de su madre en una cámara de gas en Auschwitz y la retención de su padre, se convirtió en un nómada a la deriva entre familias que le acogían por dinero para evitar los campos de concentración. Polanski terminó buscándose la vida como había hecho con los fotogramas, en los rincones más imprevistos y por su cuenta.
Un rebelde con causa
Expulsado de Bellas Artes por los caprichos de un profesor, probó suerte como actor, donde se sentía como pez en el agua por sus dotes para la exageración. Su periplo frente a las cámaras le allanó el camino para entrar en la famosa Escuela de Cinematografía de Lodz, donde conoció al director Andrej Wazda y pudo empaparse de todas esas películas de su amado Occidente que no se podían ver en las salas comerciales polacas.
Durante sus estudios, aprovechó una leve apertura gubernamental en su país para viajar a la capital de Francia. La libertad de París le abrumó, y descubrió «la naturalidad» de dos actores norteamericanos que tenían todo lo que, a su juicio, un intérprete necesitaba: «La fría indiferencia de Brando y la tensión neurótica de Dean aportaban a la pantalla un algo completamente distinto».
Cargado de energía gala y tras visitar el Festival de Cannes por primera vez, retomó las cámaras en Lodz. Allí exprimió su talento pero, pese a la fama que tenía entre sus compañeros, no obtuvo el diploma de la Escuela al negarse a entregar una tesis al final de la carrera, como los críticos de su país se empeñaron en recordar en sus reseña. Tampoco le hizo falta. Pese a todo y tras un tortuoso camino lleno de impedimentos, antes de cumplir la treintena rodó «El cuchillo en el agua» (1962), con la que obtuvo una nominación al Oscar como mejor película de habla no inglesa. Un galardón que obtuvo finalmente Federico Fellini por su «8 ½». «Perder ante semejante ganador no constituía ninguna ignominia», dice sobre su derrota ante el genio italiano.
REUTERS
Su presencia en los premios de la Academia tan solo fue el inicio del coqueteo del cineasta polaco con Hollywood. Pero antes de cruzar el Atlántico buscó fortuna en Europa viviendo de prestado hasta que, después de un sinuoso camino sorteando baches, rodó en Londres «Repulsión» (1965) y «Callejón sin salida». Pese a los más de veinte títulos de su filmografía y al idilio con la crítica y el público, siempre le acompañaron los mismos vicios. Era terco, lo que le valió el apelativo del «chiflado polaco», y solía discutir con los productores por sus continuos, y caros, retrasos al filmar. Sin embargo, su obstinación le permitía casi siempre salirse con la suya. Tesoros como «La semilla del diablo» (1968), su primera película americana, o «Chinatown», la última rodada en EE.UU. (1974), adornan el currículum de uno de los más reputados cineastas contemporáneos, aunque el más personal fue «El pianista» (2002), con el que obtuvo la estatuilla a mejor director y la única en la que ha llevado a la pantalla hechos de los que fue «testigo».
«Un perverso enano libertino»
Ganar numerosos premios y cumplir sus sueños profesionales no le ha librado de una turbulenta vida privada. Su baja estatura, que tanto le acomplejaba, nunca le impidió disfrutar de fervorosos encuentros con infinidad de mujeres y sufrir por ellas. Se casó a los 26 con una actriz siete años menor, se enamoró perdidamente de Sharon Tate y padeció su muerte, tras la cual se le agrió el carácter y hasta comenzó a parecerse más a su madre, tal y como lamenta. «Ahora se me considera universalmente, bien lo sé, un perverso enano libertino. Mis amigos -y las mujeres de mi vida- saben que eso no es cierto», reivindica.
Después de superar todos los socavones del camino, su vida hedonista terminó abocándole a uno muy hondo, la cárcel. Fue condenado a prisión después de mantener relaciones sexuales -«consentidas», según Polanski- con Samantha Geiner, de 13 años, durante una sesión de fotos para un anuncio de Vogue. Tras un controvertido proceso judicial en su contra, el director de «Chinatown» convino pasar 42 días en la cárcel del Chino (Los Ángeles), en régimen de aislamiento. Tras la inquina del juez que lleva la causa y el enredo burocrático de la justicia california, decidió huir de Estados Unidos. Y no ha vuelto a pisar «la tierra prometida». En las ocho páginas de epílogo que el realizador polaco escribió tres décadas después, se maravilla por «el optimismo y la ingenuidad» que parecen destilar los últimos párrafos de sus memorias, y habla sobre las peticiones de extradición de un país que admiró pero que no le olvida ni perdona.
Polanski a la salida del juicio por «violación»- Reuters
Consciente de «los cambios nada desdeñables» que se han producido en su persona, Polanski admite el más evidente: «La línea entre fantasía y realidad ya no resulta, en absoluto, tan borrosa como antes; quizá porque hoy quiero mi realidad». Veinte años después del asesinato de Sharon Tate, el director se casó con la actriz francesa Emmanuel Seigner, con la que tiene un hijo y una hija, y con la que parece haber recuperado la felicidad arrebatada. «No me arrepiento de nada de lo que ha ocurrido en mi camino. Por paradójico que pueda parecer, si los acontecimientos de mi existencia no hubiesen sucedido tal y como lo han hecho, hoy no tendría a mi familia (...) no pienso renunciar a eso por cambiar el pasado», concluye.